Las obras de Ernesto muestran una evolución interesante en el manejo de la atmósfera y el movimiento, algo que seguramente habéis trabajado mucho en la academia. Se nota que tiene una inclinación natural hacia el paisaje dinámico y el uso de la luz como elemento narrativo.
Ernesto parece estar en una etapa donde disfruta explorando la materia y el gesto. Sus obras tienen «aire», no son estáticas. Como sugerencia para seguir evolucionando, podría ser interesante ver cómo aplica esa «libertad del trazo» —que tanto nos gusta en maestros como Velázquez— en temas que no sean puramente marinos, para ver cómo se comporta su pincelada en formas más rígidas o cerradas.


