Birigay | Retablo Mayor de Matute

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INTERVENCIONES

Retablo Mayor de Matute


Categoría

ESCULTURA

Tipología

Retablos mayores

Localización

Presbiterio de la Iglesia Parroquial de San Román de Matute.
Matute, La Rioja

Época

Romanista, hacia 1587. Policromado en 1625

Autoría

Arquitecto y escultor: Miguel de Ureta Policromador: Diego Fernández de Torres

Medidas

900 x 600 cm. aprox.

Promotor / Cliente / Patrocinador

Parroquia de Matute y Gobierno de La Rioja

Año de restauración

2010

Proceso de restauración

Nos encontramos ante una obra que se enmarca dentro del lenguaje estético contrarreformista que procede de la renovada concepción del arte impuesta por el Concilio de Trento y que localmente se aplica a través de las disposiciones de las constituciones sinodales de los obispados, en este caso del obispado de Calahorra-La Calzada. Estas disposiciones artísticas son codificadas y su obligatoriedad en la aplicación se recoge en los contratos, especialmente en los de policromía. En este caso concreto se requiere que las carnaciones sean “imitando al natural”, conforme al decoro, es decir cada personaje se ha de representar su edad y condición, evitando las carnaciones lustrantes. El repertorio ornamental se reduce, limitando la gran variedad de elementos decorativos, sobre todo paganos que invadían los retablos en la fases decorativas inmediatamente  anteriores; la decoración a de estar al servicio de la fe y de la instrucción religiosa por tanto se evita todo aquello que se aleje de esta directriz.

El retablo mayor  de Matute se policroma bajo estas premisas y se caracteriza por la utilización del oro combinado con el azul, carmín y el verde, la conocida como “tripleta luminífora” , la decoración naturalista en base al rameado o roleos vegetales, querubines, cogollos y variada imitación de telas como brocados, damascos que se utilizan en las indumentarias de los personajes.

Se utiliza el estofado como técnica básica y el dorado; el estofado, es decir imitación de telas o “estofas” puede ser de tipo esgrafiado o aplicado a punta de pincel. Para imitar estos damascos y brocados se pintan a punta de pincel sobre fondos esgrafiados, zonas a las que mediante un grafio se les extrae el oro de base cubierto por una capa de pintura, imitado los hilos de oro de las telas de los brocados. Mediante esta técnica se hacen otras labores decorativas como son los ojeteados, ondulados, picados, escamados que se encuentran por gran cantidad de zonas, sobre todo en las vestiduras de las tallas, fondos y elementos diversos  de los relieves. También a punta de pincel se decoran otras zonas, como son las de la mazonería, así las hendiduras de las pilastras, los preciosos capiteles corintios de las columnas, los querubines… son pintados en azul y carmín, algún toque de blanco, para actuar como elemento visual de distensión frente al brillo del oro o para favorecer la plasticidad de las zonas, como es el caso de las pilastras al pintar las estrías.

 

 

Respecto al  dorado, predomina en este retablo el bruñido, y tiene un gran protagonismo en la obra,  en cuanto a la superficie que ocupa  a su dimensión plástica, de enriquecimiento estético del conjunto como a su vertiente de “ayuda” al culto divino al atraer la atención del creyente. Se especifica en el contrato que sea oro de calidad o sea puro, ni partido ni resañado, y que no se utilice plata corlada. El oro es extraído de monedas u otro tipo piezas de este metal noble que el batihoja se encarga de, mediante el golpeo a martillo,  transformar en laminillas extraordinariamente delgadas, los panes de oro. Se aplican sobre el aparejo, que también es objeto de regulación para que no haya problemas o deterioros posteriores. Así, antes de dorar las piezas, se procede a limpiar la madera y desinfectarla, enyesarla y finalmente bolearla para finalmente colocar las laminillas de oro que pueden ser bruñidas o dejadas mate, variando en este caso el procedimiento técnico.

Estas directrices decorativas permiten un amplísimo y variado repertorio ornamental, así se puede observar la gran cantidad de labores textiles, tonalidades cromáticas, las distintas matizaciones en las carnaciones y elementos decorativos menores, que recubren los relieves, tallas, mazonería conviviendo con el oro, resultando un conjunto visualmente muy dinámico y armonioso.

 

La arquitectura del retablo, su mazonería y soportes, también el tratamiento escutórico de relieves y tallas, se caracterizan por ser de raigambre clasicista, propio del período final del renacimento, conocida esta última fase como manierismo. Se utilizan los distintos órdenes, bien diferenciados, para estructurar el retablo. Encontramos por ejemplo columnas dóricas con fuste estriado y tercio inferior liso, en el primer piso, las corintias de fuste estriado en el segundo; frontones triangulares y el tipo triangular partido para el remate o los frisos corridos decorados con querubines tallados,  draperies y fruteros,  estriados o pintados con roleos vegetales. Se trata de una retablo  organizado en casillero, en donde predomina la arquitectura arquitrabada que distribuye los espacios para albergar el conjunto de relieves y tallas. Existe una clara jerarquización del espacio, las hornacinas que alojan el santo titular, san Román, la talla de la Virgen, en el primer piso y la Asunción, en el segundo, se abren en la calle central, rematándose el eje con el magnífico calvario, con sus imágenes de bulto redondo y tamaño natural.

Los relieves que representan pasajes de la vida de Jesús y la Virgen se colocan en las calles exteriores: la Adoración de los Reyes Magos, la Huída a Egipto, los Improperios o la caida hacia el Calvario ilustran en la fe a los fieles, mayoritariamente analfabetos por entonces de ahí la importancia del orden de colocación y en la exacta representación.

 

Debido al mal estado de conservación de la estructura del retablo fue necesario su desmontaje completo; hecho que nos facilitó en gran manera el proceso de desinsección y consolidación del soporte al tener acceso a las zonas traseras. Otros procesos llevados a cabo fueron: limpieza-aspiración, desinsección, consolidación soporte, fijación estratos policromía y dorado, eliminación de repolicromías, limpieza físico-química, estucado, reintegración volumétrica de soporte,reintegración de policromía y dorados, protección final y nuevo montaje tras el saneamiento del muro de la iglesia de San Román.